Frenos sutiles e impulsos efectivos

La paz y la tranquilidad que tanto aprecio son aportes de mi naturaleza espiritual cuando hago espacio para que se exprese en mi ánimo.

Sin embargo no son una meta o un logro en sí mismo, son más bien una condición desde la cual opero en la vida diaria para mantenerme alineado con lo que me da satisfacción, con lo que deseo y con lo que es realmente valioso en la vida.

En ese sentido las angustias y los temores responden a percepciones desde el ego, que ve ataques por doquiera.

Mis actitudes de permitirme actuar y participar en mi día tal cual se presenta, con ánimo y entusiasmo, tienen lugar cuando estoy cierto de que mi fuente de paz siempre esta conmigo y no depende de otros.

Por el contrario, cuando admito inseguridades y angustias acepto las percepciones ilusorias del ego que me separan y me incomunican con lo que es del momento presente.  Y ello busca impedir la percepción real de cada experiencia como lo que realmente es: una oportunidad o/y una enseñanza.

TODA EXPERIENCIA ES UNA OPORTUNIDAD O UNA ENSEÑANZA. CUALQUIER OTRA INTERPRETACIÓN CONDUCE AL SUFRIMIENTO.

Para reconocer y capitalizar a mi favor esas enseñanzas u oportunidades, debo agradecerlas pues el agradecimiento es la verificación de mi ser para saber que soy libre y que mi paz esta a salvo.

  •  Todo gesto de agradecimiento es la recepción de bendiciones, por ello es la puerta de acceso a la abundancia.
  •   Toda palabra de validación hacia el otro es un  estímulo que propende a su mejoría y a la apertura de estados abundantes.
  •   Agradecer es un estado receptivo que motiva la mejor versión de mi mismo.
  •   Validar es un estado activo desde la mejor condición de quien soy.

Ambos, agradecimiento y validación, aseguran mi conexión espiritual, mi autenticidad, mi tranquilidad, mi paz y mi única seguridad.